Reflexiones Epistemológicas

Algunas Reflexiones a partir del cuestionamiento epistemológico de lo cuantitativo en el marco de la disciplina del Desarrollo Humano con orientación Existencial Humanista.

 

Roque Jorge Olivares Vázquez

 

Este texto puede utilizarse y divulgarse libremente, siempre que se cite la fuente 

“…La nuestra es una aventura humana, preñada de desafíos,

ideas, esperanzas y frustraciones, y sus conceptos

trascienden, en sumo grado, el domino

de los hechos mensurables.”

Margenau, H. (1969).

 




 

Hacer investigación desde los enfoques humanistas englobados en el Desarrollo Humano Existencial Humanista, en realidad no es algo novedoso; investigar ‘científicamente’ el proceso humano tampoco es ajeno a esta perspectiva; más aún, buscar la precisión en lo mensurable, la cuantificación exacta y la expresión matemática de los fenómenos humanos, es un sueño del que no ha escapado este novel campo de conocimiento.

 

Por el contrario, indagar sistemáticamente para comprender el comportamiento, la estructura de la personalidad, el funcionamiento de la conciencia, la forma de pensar, de sentir y de experienciar la realidad del ser humano utilizando los instrumentos, las técnicas y los métodos que nos provee la ciencia desde la lógica y las matemáticas exactas y probabilísticas, es un aspecto constituyente de esta disciplina. Como ejemplo icónico tomemos el caso del Enfoque Centrado en la Persona (ECP), perspectiva medular del Desarrollo Humano Existencial Humanista (DHEH) que en sus inicios da cabal cuenta de ello, como lo podemos constatar en una de las primeras obras publicadas – en 1959- por su creador Carl Ransom Rogers (1985), en la cual presenta las principales tesis y los más significativos hallazgos que sustentan dos de sus tres teorías fundamentales, me refiero por supuesto, a las teorías de la personalidad y de las relaciones interpersonales.

 

En ese libro, el autor evidencia muy claramente que no había superado hasta ese momento la falaz creencia de que la matemática y el método de la ciencia de su época -heredado de la Física, específicamente de la mecánica clásica-, garantizarían la veracidad de sus hallazgos. Así, en el párrafo que antecede a la presentación de sus principales hipótesis, indica a modo de disculpa, seguramente frente al busto introyectado de Comte, lo siguiente:

“Una teoría de la personalidad completa y perfectamente desarrollada permitiría determinar con precisión matemática las relaciones funcionales entre las distintas variables. En el momento actual, ninguna teoría de la personalidad está en condiciones de expresar esas relaciones por medio de ecuaciones. Este es un índice de la falta de madurez (el subrayado es mío) característica de las teorías de la personalidad. Debemos limitarnos, por consiguiente, a establecer ciertas relaciones cualitativas muy generales…” (pág. 76).

 

No obstante que en ese momento Rogers aparentemente concebía lo cualitativo como un paso para llegar a la objetividad plena, conforme avanza en su argumentación en ese mismo texto, va develando gradualmente su verdadero -aunque tal vez no muy consciente- punto de vista, como se muestra en el siguiente párrafo que forma parte del apartado donde explicita sus compromisos epistemológicos, los cuales seguramente escribió una vez que ordenó su corpus teórico y sus hallazgos:

 

“…La ciencia no tiene por base la acumulación de instrumentos de laboratorio, sino la observación penetrante y el pensamiento profundo y creador. Observar que ciertos cultivos se dan mejor en las colinas rocosas que en las llanuras fértiles y reflexionar acerca de esta observación, es ya empezar a hacer ciencia. Observar que la mayoría de los marineros contraen escorbuto, a menos que ingieran frutas frescas, es también un comienzo de indagación científica. Reconocer que cuando la opinión de una persona acerca de sí misma cambia, también cambia su conducta, y reflexionar acerca de este hecho, es también un punto de partida para la investigación científica y la elaboración teórica. Expreso esta convicción como protesta contra la actitud, muy generalizada entre los psicólogos norteamericanos, según la cual la ciencia comienza en el laboratorio o frente a la máquina de calcular…” (El subrayado es mío) (págs. 12-13).

 




De igual forma, continua más adelante comparando el campo de conocimiento que él considera estar creando -a decir, la psicoterapia científica- con las primeras fases del desarrollo de la Física, y expresa la convicción de que en algún momento alcanzará la verdad objetiva y científica como lo ha demostrado aquella en sus casi trecientos años de existencia hasta esa época.

 

Sin embargo, en otro párrafo del mismo apartado señala que en cierta ocasión en que lo invitaron a participar con un artículo para la APA (American Psychological Association), se negó a acceder a la petición que le hacían de verter su pensamiento en la terminología de ‘la variable independiente-interviniente-dependiente’, y tratando de explicar el por qué, escribe lo siguiente:

 

“…No puedo justificar muy bien mi reacción negativa (y pienso que mi resistencia es quizás irracional) porque aparentemente tales términos están sustentados por una lógica inexpugnable. Pero en mi opinión son estáticos y niegan los aspectos inquietos, dinámicos y cambiantes del movimiento científico. Existe la tendencia a suponer que cuando una variable ha sido rotulada, se mantiene inmutable, lo cual no es cierto…” (págs. 13-14).

 

Más fascinante aún, al final del apartado relativo a sus compromisos epistémicos, enuncia contundentemente una tesis que se irá consolidando a lo largo su vida y que conformará la vértebra de su pensamiento más original y a la cual subordina, desde mi punto de vista, todo lo antes comprometido:

 

“Entre mis actitudes fundamentales, hay una que creo tiene particular importancia para evaluar correctamente cualquiera de mis teorías. Se trata de mi fe inquebrantable en el predominio fundamental de lo subjetivo. El nombre vive esencialmente dentro de un mundo personal y subjetivo. Sus actividades, incluso las más objetivas -me refiero a sus proyectos científicos, matemáticos, etc.-, son el fruto de propósitos subjetivos y de elecciones subjetivas. Con respecto a la investigación y a la teoría, por ejemplo, mi percepción subjetiva me enseña que la investigación científica, tal como la conocemos actualmente -y que procede por el conducto de las definiciones operacionales, los métodos experimentales y las verificaciones matemáticas-, es la mejor manera de evitar el error. Pero no puedo ignorar el hecho de que esa creencia está fundada en mi experiencia actual, y que, si hubiese vivido dos siglos antes o tuviera que vivir dos siglos después, algún otro camino hacia la verdad me parecería de igual o más valor. En resumen, debo decir que, aunque me doy cuenta de que puede existir una verdad objetiva, me doy cuenta también de que nunca podré conocerla plenamente. Todo lo que puedo saber es que, subjetivamente, ciertos conceptos parecen tener las cualidades de la verdad objetiva. O sea que el conocimiento científico no existe; sólo hay percepciones individuales de lo que a cada persona le parece que es esa clase de conocimiento…” (págs. 16-17).

 

Esta misma contradicción o ambivalencia originaria percibida en las citas anteriores provenientes del pensamiento de nuestro autor, que tal vez debiéramos decir son atávicas puesto que las encontramos ya en las reflexiones de los llamados filósofos naturales hasta los científicos contemporáneos, y que, no obstante que más adelante se diluirán de manera definitiva en el pensamiento revolucionario de Carl Rogers, se encuentran aún vigentes entre los desarrollistas humanos de nuestra época y como muestra de ello, nada menos que el hecho de que los expertos más versados en esta disciplina en pleno siglo XXI consideraron la necesidad de que en un plan de estudios de doctorado, fuese indispensable la inclusión de una asignatura como la que da origen al presente ensayo: Investigación Cuantitativa en Desarrollo Humano. Tal vez todo se resuma parafraseando, al filósofo Jean Paul Sartre: “…en el Desarrollo Humano Existencial Humanista, la cuantificación parece haber precedido a la existencia”…, ojala ello sólo impacte al quehacer y no al ser de nuestra perspectiva…

 

Afortunadamente el curso que da pie al presente escrito fue diseñado por su autor, el docente de la materia, como una revisión, a  vuelo de pájaro, sobre la epistemología de lo cuantitativo; lo cual me ha permitido reflexionar no sólo sobre el lugar de esta dimensión de la realidad en el marco de la disciplina del DHEH, sino más importante aún, revisar mis compromisos epistemológicos incluso aquellos que por mucho tiempo he creído haber asimilado hasta ‘el hierro de la sangre de mis venas’, como diría el poeta, o hasta el tuétano de mis huesos, como dirían nuestros ancestros.

 

Por ello es que en el presente ensayo, me propongo reflexionar sucintamente –ya que tengo poco espacio y tiempo para hacerlo- sobre aspectos de la epistemología de lo que se ha dado en llamar ‘el paradigma emergente` de las nuevas ciencias sociales, particularmente de la Psicología y de las llamadas Ciencias de lo Humano (Antropología y Sociología por lo pronto), ya que algo que me inquieta profundamente como formador de promotores y facilitadores en DHEH, es cómo lograr que los estudiantes se apropien, incorporen o internalicen conscientemente, como lo diría Vygotsky (2009), los aspectos sustanciales de este nuevo paradigma, y no sea que aunque declaren explícitamente su compromiso con ciertas tesis epistemológicas, sus apegos sigan manifiestos en el paradigma clásico que sobre la realidad nos ha aportado la ciencia positivista, racionalista y empirista.

 

Tal vez una de las primeras cosas que habría que ayudar a deconstruir entre quienes desean modificar su percepción consciente de lo existente, es la idea falaz y obsoleta de que los números son un reflejo fiel de la realidad y enseñar concretamente que la cuantificación es una forma de descripción de lo ente, siendo que no es la única forma de medir un objeto, fenómeno o proceso. Por el contrario, medir no es tan sólo cuantificar y más aún, cuantificar no necesariamente es medir; de hecho pienso, y más vehementemente aun después de leer a Hegel (   ), que medir en verdad, es descubrir y saber expresar los factores más significativos de un objeto de estudio que evidencian fielmente su naturaleza, su estructura, su funcionamiento y/o su forma de interacción con lo otro. Así, medir el ancho de un objeto cualquiera no me dice gran cosa sobre la estructura, función o naturaleza del mismo sino está relacionado con otros elementos o factores. Muy distinto sería, medir el largo de una trucha para predecir su potencial reproductivo, en donde la cuantificación adquiere un sentido y refleja un aspecto fundamental, como en el ejemplo anterior, de la especie que se estudia.

 

En el caso particular del DHEH es fundamental que el facilitador sea empático en la relación con la persona a la que facilita, por tanto, en su formación es importante que actualice esa potencialidad y por lo mismo, llegar a conocer los niveles de empatía de un terapeuta o facilitador humanista es provechoso como referente de su transformación personal en el vínculo con las personas; estos niveles, cualesquiera que ellos sean, pueden ser medidos con parámetros cualitativos con tanta precisión como se puede medir cuantitativamente el tamaño o el peso de un objeto con alguna escala de medición; el tema intrínseco más bien es comprender la dinámica, estructura y/o función complejas y múltiples de la empatía para encontrar los factores más fieles a su naturaleza; y aun así, el aspecto medular de la empatía solo podrá ser comprendido cabalmente desde la vivencia subjetiva, en la experiencia de ella como proceso de la interacción humana, en la experienciación del encuentro yo-tú que refiere Buber (2004) y que constatan casi ocho décadas de práctica e investigación-acción de los desarrollistas humanos.

 

Me parece pertinente aclarar también, que al medir los procesos y fenómenos que le competen al DHEH como campo de conocimiento, no requiere ser exacto como entendemos la exactitud matemática, lo cual no significa que no sea riguroso, ya que su precisión o exactitud, emana de la lealtad a las propiedades connaturales de su objeto de estudio como ente-en-el-mundo; y por el contrario, como lo refiere Martínez (2015): “…la exactitud impropia…es siempre una simplificación idealizante de lo dado.” (pág. 121).

 

Otro tema que me gustaría mencionar al menos tangencialmente, porque en verdad ameritaría un ensayo especial que permitiera generar una argumentación sólida, tiene que ver con el concepto de racionalidad. Hay algunas teorías que dicen que el ser humano es un ser esencialmente racional, es decir, lógico o que en su comportamiento obedece a los juicios basados en su pensamiento; en tanto que otras señalan que es un ser irracional por naturaleza, que se deja llevar por sus impulsos o emociones, las más de las ocasiones, inconscientes (    ). Para el DHEH, ambas posturas están equivocadas, y se inclina por un concepto de mayor fidelidad con lo racionalmente humano, ya que entiende por racional-humano, la propensión de la persona a actuar de acuerdo con sus necesidades organísmicas (no orgánicas), las cuales están conectadas de forma holística a su conciencia; lo cual se expresa plenamente cuando el medio socioafectivo que lo contiene es favorecedor de su expresión organísmica y por ende, de su autorrealización y de su autotrascendencia, como lo expresa Rogers (1969), cuando dice: “La conducta del hombre es exquisitamente racional, pues, a efecto de alcanzar los objetivos que se plantea su organismo, procede con un orden y una sutileza de gran complejidad. Nuestra tragedia consiste en que nuestros mecanismos defensivos nos impiden apreciar esta racionalidad en su verdadera magnitud, de tal forma que, en el plano consciente, tomamos una dirección muy diferente de la que nos obligan a seguir las exigencias del organismo.” (Pág. 29).

 

Más tarde, en el proceso de su evolución teórica, Rogers puntualiza el tema y abandona el concepto de mecanismos defensivos para explicar la desviación de la persona del camino que le traza su tendencia actualizante, a la falta de un clima de seguridad psicológico adecuado a su naturaleza de ser-existente. Aunque lo que nos importa en este caso es que bosqueja un concepto de lo racional más amplio del que proponen las filosofías materialistas y empiristas más radicales, pero como dice Michel Ende (2015), “esa es una historia que debe ser contada en otra ocasión”

 

A continuación, me gustaría someter a la reflexión escrita otros dos temas que se entrelazan: el de las dicotomías y el de la fidelidad al objeto de estudio.

 

Así como hay dicotomías que se hacen patentes entre, lo biológico-social, lo cognitivo-afectivo, lo interno-externo, lo continúo-discontinúo, lo cuantitativo-cualitativo, una dualidad que es singular en la investigación desde el DHEH, es la relativa a la del entendimiento-comprensión. Entender es un proceso de aprehensión de las cualidades, los fenómenos y los componentes de un objeto de estudio, es descubrir el sentido profundo de algo utilizando métodos externos al sujeto que conoce y propicios para hacerlo. En cambio Comprender es un proceso de asimilación consiente que implica la experienciación del objeto de estudio como una totalidad dinámica y compleja, que emerge desde el núcleo de la conciencia del que conoce.

 

Aunque desde mi punto de vista ambas son constitutivas, el entendimiento y la comprensión, de un mismo proceso de apropiación humana de la realidad, cada una de ellas amerita estructuras de conocimiento particulares que posibilitan la expresión manifiesta de aspectos, características, cualidades e incluso fenómenos específicos de un mismo objeto de estudio, unas más cercanas que otras a la naturaleza ontológica de lo ente.

 

Al enfocarse en la persona, en el DHEH la comprensión adquiere singular y sustancial significancia para el logro concorde del proceso de acercamiento a su conocimiento exacto. Por ese motivo, una asignatura pendiente de los desarrollistas humanos, es buscar y diseñar estrategias metodológicas que lo posibiliten y aunque hoy en día se utilizan un sinnúmero de métodos llamados cualitativos, como el materialismo dialéctico, el estructuralismo, la fenomenología, la hermenéutica, el método comprensivo, la etnografía, entre otros, adecuados a las características del objeto de estudio del DHEH (Martínez, 2012), hasta el momento no ha sido posible crear un método y lenguaje propios de lo existencialmente humano, ni se ha logrado alcanzar consistencia entre los hallazgos que cada método posibilita e incluso permitirnos llegar a conclusiones y consensos básicos sobre las características, procesos y fenómenos que constituyen connaturalmente lo humano; ello ha ocasionado una dispersión del conocimiento que muchas veces, en el mejor de los casos, raya en la anarquía y, en el peor, en la superchería. Derivado de todo ello, no contamos con una comunidad de científicos en DHEH consolidada que impulse investigaciones de gran impacto frente a un mundo que por muy posmoderno que sea en lo conceptual, en lo institucional nos sigue demandando el trabajo colegiado.

 

En virtud de todo lo anterior, es indispensable que el método que diseñemos, permita-posibilite la expresión (e incluso la emergencia y la construcción-deconstrucción) de la naturaleza de la persona, que preserve la estructura, el sentido y el significado de las cualidades, procesos y fenómenos humanos así como las vivencias y experiencias personales de la persona en su relación única con su mundo fenoménico; que además, se yerga sobre la definición-construcción flexible y dinámica de lo sustancialmente humano e íntegramente definido, que incluya la propuesta-búsqueda de una clave metodológica y la deconstrucción-construcción-definición permanentemente dinámica de la naturaleza existencial humana, más allá de sus dimensiones biológica y social en una novísima integración o planteamiento de aquello que consideramos lo realmente humano: La Persona.

 

Finalmente, me gustaría señalar enfáticamente que en la formación de los desarrollistas humanos, no debemos dejar de lado hacer una invitación curricular seria y profunda, hacia el conocimiento amplio, consiente e interiorizador, de lo que significa el movimiento existencialista no sólo para la disciplina, sino para la concepción del mundo actual, porque el existencialismo, no es tan sólo una corriente filosófica que reacciona frente al racionalismo exacerbado del programa filosófico de Hegel, también representa con una portentosa fuerza, un movimiento socio-cultural que expresa la crisis del siglo XX; pero, además, es un complejo fenómeno ideológico, cuyas manifestaciones se hacen sentir no sólo en los campos de la filosofía y el arte, sino también en los de la ciencia, la religión y la política (Fernández,  1950); siendo como actividad humana, un conjunto de doctrinas que "tienen como objeto el análisis y la descripción de la existencia concreta, concebida como el acto de una libertad que se constituye al afirmarse y no tiene otro origen u otro fundamento que esta afirmación de sí misma" (Jolievet, 1976, p. 26).

 

Como fenómeno sociocultural, configura una extensa literatura, una amplia propuesta de enfoques del arte y una forma de enfrentar la vida cotidiana de formas muy peculiares (Cruz, 1991). Como fenómeno ideológico, mantiene una crítica constante al orden social, al status quo que pondera el desarrollo científico, tecnológico y económico por encima de los valores, los principios de convivencia y la evolución y amplitud potencial de la conciencia humana (Fernández, 1950). Y de todo esto hasta el momento en el doctorado, de esto, explícita y frontalmente… nada ¡

 

Por supuesto no olvidar al extraordinario y doliente danés Sören Kierkegaard, quien ya en su Diario, de 1855, manifiesta su preocupación ante el vertiginoso y desmesurado desarrollo científico, tecnológico e industrial del siglo de las luces.

 

Efectivamente, en esa obra, Kierkegaard refiere esta preocupación con la narración de un sueño que dice haber tenido, en el que se describe a sí mismo como un pasajero de segunda categoría que se transporta en un barco y que por estar alejado del entusiasmo general provocado por una gran celebración -el triunfo de la razón, proclamado por la clase burguesa con el avance científico-tecnológico-industrial y coronada con el programa filosófico de Hegel-, se da cuenta de un gran peligro frente a la nave -la deshumanización, con la pérdida de lo constituyente del ser humano, representado por un iceberg-; al avisar al Capitán sobre el peligro, éste le pide que se despreocupe y disfrute del viaje, pues él tiene todo bajo control¡:

 

"El Capitán está en el puente; a su lado el segundo de a bordo se saca los gemelos de los ojos y los alarga al Capitán, que le dice: 'no es preciso, lo veo perfectamente aquel pequeño punto blanco en el horizonte: la noche será terrible.' Después con la noble y segura calma del marinero experimentado da sus órdenes: 'Esta noche toda la tripulación estará de guardia; yo personalmente asumiré el mando'.  Entra en su camarote.  No tiene a la mano muchos libros; no obstante, tiene una Biblia, la abre y, cosa extraña, se encuentra con este pasaje: 'Esta misma noche se te pedirá cuenta de tu alma'. Ciertamente muy extraño.  Después de recogerse en la meditación y la plegaria, se viste para la guardia de la noche; y ahora atento sólo a su tarea vuelve a ser el marino lleno de experiencia. Pero en el salón los pasajeros continúan divirtiéndose; suena la música y los cantos, las conversaciones y el tumulto, el ruido de platos y fuentes, los tapones de espumoso que restallan; la gente bebe a la salud del Capitán.  'La noche será terrible' y tal vez esta misma noche se te pedirá cuenta de tu alma'."

 

"¿No es terrible esto? Sin embargo, yo sé una cosa que todavía lo es más. La situación es la misma; pero el Capitán es otro. En un salón la gente se divierte y el más alegre de todos es el Capitán.  El punto blanco continúa estando en el horizonte y la noche será terrible, pero nadie ve el punto blanco o sospecha lo que presagia. Más no, pese a todo (esto no será lo más terrible); no hay, alguien que lo ve y sabe lo que se prepara.  No tiene ninguna autoridad en el navío; no puede hacerse cargo de nada. Pero para no omitir la única cosa que puede hacer, hace decir al Capitán que suba al puente, aunque sea sólo un momento. Este se hace esperar; por fin llega, pero no quiere saber nada y vuelve rápidamente al salón a participar de la alegría ruidosa y desordenada de los pasajeros, que brindan a su salud en medio de la algazara general, y él se lo agradece calurosamente."

 

"Aguijoneado por la angustia, el pobre pasajero se decide a molestar de nuevo al Capitán, el cual esta vez incluso se muestra incorrecto.  No obstante, el punto blanco sigue estando en la línea del horizonte: 'la noche será terrible'.

 

"¿No es todavía más terrible? Es terrible ver a estos mil pasajeros despreocupados y vocingleros; es terrible ver que el Capitán es el único que sabe lo que pasará; sin embargo, lo esencial no es que él lo sepa. Es más terrible, pues, que el único que vea y conozca el peligro inminente sea un simple pasajero.  Que desde se ve en el horizonte la mancha blanca, presagio de la terrible tempestad inminente, yo lo he sabido, pero ¡ay! Yo no he sido y no soy sino un simple pasajero." (Kierkegaard, En: Colomer, 1990, p. 42 - 43).

 

Gracias a la visionaria configuración del DHEH; gracias al agudo, lúcido trascendente y transgresor pensamiento de filósofos de nuestra época como Hegel, Kierkegaard, Heidegger, Nietzsche, Sartre, Ciorán, Foucault; y a las perspicaces, agudas y sagaces ideas de tantos revolucionarios hombres de ciencia como Maslow, Moustakas, Fromm, Rogers, Lafarga y tantos más seres humanos anónimos ante la vida social de nuestro mundo pero solidas figuras en la vida de sus más cercanos, grupos y comunidades, ya no somos ‘un simple pasajero’. ¿No es un deber ético hacer oír nuestra voz frente a los ensoberbecidos Capitanes de los múltiples navíos que surcan los mares del conocimiento y la actividad humana para alertarles sobre peligro que se cierne sobre la humanidad, que no sólo pone en riesgo a los pasajeros de este mundo y a la tripulación de su galera, sino su existencia misma?... Comencemos con denuedo -o continuemos con ímpetu, según la conciencia de cada cual- antes que el mundo termine por desmoronársenos en nuestras propias manos…





BIBLIOGRAFÍA

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2. Rogers, C. (1986) El camino del ser Barcelona, Kairós.

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5. Lafarga, J. “El desarrollo humano hacia el año 2000”. Prometeo, No. 0, Otoño, 1992.

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9. Freud, A. (1976) “La adolescencia como perturbación del desarrollo”.  En: Freud, A. (1980) Psicoanálisis del desarrollo del niño y del adolescente. Buenos Aires, Paidós.

10. Blos, P. (1981) Psicoanálisis de la adolescencia. México, Joaquín Mortíz. pp. 70

11. Gessell, A. (1987) El adolescente de 10 a 16 años. Barcelona, Paidós.

12. Erikson, E. (1981) Sociedad y adolescencia. México, Siglo XXI

13. Coleman, J. (1985) Psicología de la adolescencia. Madrid, Morata.

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