El despertar de la Masculinidad
EL
DESPERTAR DE LA MASCULINIDAD
ROQUE
JORGE OLIVARES VÁZQUEZ.
Fue al cursar la asignatura
sobre Sexualidad Humana, en la Mtría., de Desarrollo Humano, hace
aproximadamente seis años, en que se desencadenó en mi, el proceso de
descubrimiento de la forma en que me he constituido como varón; fue una
revolución interior que invadió mi ser e iluminó con mayor intensidad que
cualquier otro momento de mi existencia, mi forma de pensar, de sentir y de
hacer.
Ante mi desconcierto y asombro
se reconfiguró toda mi existencia, aspectos de mi desarrollo personal que
permanecían agazapados en lo más profundo que hay en mi, ocultos de todo
proceso de auscultación o juicio sumario, en un instante emergieron con una
portentosa fuerza, que cimbró no sólo mi piel y mis ideas, sino las entrañas
mismas de mi ser.
En el cisma de esta revolución
copernicana interior, mi desconcierto y asombro se transformaron
paulatinamente, a través de un proceso, no del todo conciente, en una nueva
forma de leer la historia de mi vida, en una nueva posibilidad de
estar-ante-el-mundo y de experimentar mi existencia. Y como mi mente
serpentina, acostumbrada como estaba, a poseer una explicación para todo,
aguijoneaba persistentemente a mi razón, me di a la tarea de buscar en la
atmósfera social, histórica y científica que me rodea, los lazos que la unen
con mi vivencia personal, fue entonces que encontré algunas palabras que se
fueron colando y derramando en mi, a grado tal que comenzaron a interpelar
incisivamente a mi espíritu; palabras, sonidos y conceptos como: género, rol de
género, identidad, feminidad, masculinidad, hegemonía, entre las más sonoras,
quedaron grabadas en mi y fueron el impulso que me llevó de la mano a
plantearme la posibilidad de hacer una disertación escrita sobre el tema de la
masculinidad.
La historia se repetía, una
nueva coincidencia se presentaba ante mi, pues mi tema de tesis de licenciatura
fue la adolescencia, aspecto de mi vida personal que me impactó profundamente y
la cual redescubrí al iniciar mis estudios sobre desarrollo humano al estar
cursando una especialidad en Enfoque Centrado en la Persona; ahora, nuevamente
ante el impacto recibido por el descubrimiento de mi constitución masculina, me
plantee la meta de investigar este tema y plantearlo como tema para mi
titulación de la maestría.
Hace tres años inicie esta
aventura que con ropaje intelectual ha disfrazado la inquietud del ser y del
espíritu, y que me ha llevado a una mayor integración personal, mediante la
consolidación de mi masculinidad y la aceptación de mi feminidad; hoy estos dos
pilares con los que transito y acompaño a la vez mi existencia, son
fundamentales en la percepción que mantengo de la vida humana, son el rayo
luminoso con el que revitalizo y renuevo en lo personal y en lo profesional mi
quehacer cotidiano, mi sentido y vocación de comprensión y aceptación del Otro;
ese Otro, con el que jugueteo al acertijo de entrevernos, de palparnos, de
tocarnos, de intuirnos, de experimentarnos, en una palabra, con ese Otro, con
el que me doy la posibilidad de encontrarme de núcleo a núcleo, en esta
experiencia del espíritu que llamamos vida.
Antes de presentarte amigo
lector, el panorama del proceso de masculinización, que he desentrañado y
desencarnado de mí ser, me gustaría compartir contigo algunas voces que en
nuestra época han intentado desde la óptica de la ciencia, plasmar este llamado
del Ser, a la integración espiritual de lo femenino y lo masculino en la
conciencia humana, a través de los llamados Estudios de Género; para
ello tendremos que conocer, primero, el origen y las características generales
de los estudios sobre el desarrollo de las mujeres en los últimos cuarenta
años, pues es a partir del cuestionamiento que las mujeres se hacen así mismas
y a la sociedad sobre su posición en el ámbito de lo social y lo cultural, que
los varones nos cuestionamos sobre la nuestra. Por lo tanto, a continuación
presentaré un breve bosquejo histórico sobre este tipo de estudios.
Los estudios sobre las mujeres
A partir de la década de los sesentas, se incrementaron
significativamente los estudios sobre el desarrollo de las mujeres desde
diferentes perspectivas científicas como la Antropología, la Sociología, el
Psicoanálisis y la Psicología. Estas
investigaciones, fueron estimuladas por la formación de grupos de mujeres que
en el ámbito académico de las universidades de algunos países del primer mundo,
como Francia, Inglaterra, Alemania, Holanda y Estados Unidos, promovieron el movimiento feminista de
orientación científico–político. Se
puede decir que la lucha de las mujeres por reivindicarse como sujetos sociales
pasó del ámbito de lo político, como se había presentado desde finales del
siglo pasado, al ámbito de lo científico, sin dejar de lado por supuesto, la
naturaleza social e ideológico–política, que le dio origen.
De acuerdo con Bellucci (1996), con el nombre de “Women’s Studies” se
establece la identidad de este nuevo campo de la investigación científica y de
reflexión intelectual, cuyo programa sustantivo es el de “democratizar aquellos espacios productores de conocimiento, en donde
las mujeres no se sienten representadas por estar excluidas como sujetos y
objetos de estudio.” (idem. pag. 27).
Los temas de la agenda científica que se han estudiado
desde entonces en el ámbito de la teoría del desarrollo de la Mujer son:
ü La vida
cotidiana o doméstica de las mujeres
ü Las
prácticas psicosociales femeninas
ü La identidad
del género femenino y la clase social, la raza y la cultura
ü Las
prácticas económico–sociales de las mujeres y su significado histórico
ü La
participación político social y la segregación por razones de género
ü La mujer y
la vida familiar
ü La
formulación de políticas públicas, de salud y laborales dirigidas hacia las
mujeres.
ü El análisis
de la subjetividad de las mujeres desde una perspectiva cultural e histórica.
Es importante señalar que a finales de los años sesentas
algunas investigadoras feministas anglosajonas que se dedicaban a los Women’s
Studies introdujeron en sus reflexiones teóricas e investigaciones la categoría
“Gender” (Género) para indicar que sus reflexiones iban encaminadas a
comprender “los procesos de
diferenciación, dominación y subordinación entre los hombres y las mujeres” (Lamas,
1996, pag. 10) a partir del sexo biológico. De esta manera se fundó la
Perspectiva de Estudios de Género, que busca demostrar que las diferencias
entre hombres y mujeres son culturales y que se dan en un contexto de inequidad
(Conway, Bourques y Scott, 1987).
Sin embargo, Género es una categoría compleja para
la cual existen un número muy amplio de acepciones que han sido construidas a
lo interno de diversas perspectivas y disciplinas.
Sus antecedentes se encuentran en el segundo volumen del
libro de la escritora existencialista francesa Simone de Beauvoir "El
Segundo Sexo"; obra en la cual su autora desarrolla una profunda
formulación sobre el género al plantear que las características humanas
consideradas como “femeninas” son adquiridas por las mujeres mediante un
complejo proceso individual y social, en lugar de derivarse, como hasta
entonces se difundía, naturalmente de su sexo.
Como señala Lamas en la introducción a su libro "El Género: la
construcción cultural de la diferencia sexual: “...al afirmar en 1949 'una no nace, sino que se hace mujer', De Beauvoir
hizo la primera declaración célebre sobre el género. Su reflexión abrió un campo nuevo para la
interpretación del problema de la igualdad entre los sexos y enmarcó el campo
de la investigación académica feminista posterior” (pag. 9).
Desde entonces la categoría ha sufrido una serie de cambios
y transformaciones que han sido dirigidas por los resultados de la
investigación y la reflexión conceptual,
así como por las diferentes perspectivas con las cuales ha sido abordado el
estudio de las diferencias entre hombres y mujeres.
Una de las más completas definiciones de este concepto, lo
aporta Cucchiari (1996), quien señala que “Un
sistema de género es un sistema simbólico o de significado que consta de dos
categorías complementarias, aunque mutuamente excluyentes, y dentro de ellas se
ubica a todos los seres humanos. Dentro de las características que distinguen
el sistema de género de otros sistemas categoriales, se encuentra el hecho de
que los genitales son el único criterio para asignar a los individuos una
categoría en el momento de nacer. A cada categoría queda asociada una amplia
gama de actividades, actitudes, valores, objetos, símbolos y expectativas. Si bien las categorías –hombre y mujer– son
universales, su contenido varía de una cultura a otra, y la variedad es verdaderamente
impresionante” (Pag. 184).
Las investigaciones contemporáneas señalan que la división
de los seres humanos en dos géneros ha sido producto de una compleja y profunda
evolución histórica que tiene características muy peculiares (Scott, 1996, Butler,
1996 y Lamas, 1996b). Además es importante señalar que la asignación de los
géneros, tiene serias implicaciones sociales, políticas, económicas,
epistemológicas, ideológicas, científicas, en fin, en toda la complejidad de
las dimensiones humanas, pero sobre todo, en el desarrollo de una subjetividad
reprimida e incompleta en los dos sexos (Lagarde, 1990).
Así, a partir de la década de los setentas, se crearon en
todas partes del mundo, programas de investigación para el desarrollo de
conocimientos y la reflexión en torno a temas de la salud reproductiva y el
comportamiento social de las mujeres. No es de extrañar que como parte de estas
políticas, el año 1975 fuera declarado por la Organización de las Naciones
Unidas, el Año Internacional de la Mujer y el período de 1975 a 1985
establecido como la Década de la Mujer.
En México, sin embargo, fue sólo hasta principios de los
noventas que se realizó un reconocimiento formal en el ámbito académico a este
tipo de estudios, con la creación en 1993 del Programa Universitario de
Estudios de Género (PUEG), en la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM); y en el mismo año, con la creación en el Colegio de México, del
Programa de Salud Reproductiva y Sociedad, como un programa prioritario del
Centro de Estudios Demográficos y de Desarrollo Urbano.
Es importante señalar que el primer programa, es decir, el
del PUEG, se ha caracterizado por tener un interés académico, buscando la
comprensión del desarrollo de las mujeres –y muy recientemente de los hombres
también-, para explicar antropológica, social y psicológicamente la
conformación de nuestra sociedad contemporánea. En cambio, el segundo programa,
desarrollado en el Colegio de México, se había
caracterizado hasta hace poco, por su tendencia a acrecentar el acervo de información sobre
el control natal y el desarrollo demográfico de la población mexicana, con
miras a desarrollar tecnología que permitiera cumplir con las políticas
poblacionales definidas por el Estado Mexicano y dictadas por la comunidad internacional
a través, fundamentalmente, de la ONU y
la UNESCO; sólo muy recientemente con los hallazgos de la Antropología y la
Psicología Social, que señalan la importancia de comprender los significados de
las prácticas de las personas para promover la modificación de sus
comportamientos y acciones, incidiendo en sus creencias, actitudes,
pensamientos y sentimientos, es que el Estado se ha interesado por la
reflexión, el análisis y los estudios de corte etnográfico y de metodología
cualitativa (Szascz y Lerner, 1998 y Lerner, 1998).
El
origen de los estudios sobre los hombres
¿Y los estudios sobre Varones?, ¿Porqué no aparecieron los
Estudios de los Hombres al mismo tiempo que los Estudios de las Mujeres en el
campo de los Estudios de Género?, ¿En qué momento comienza el desarrollo de los
Estudios de los Hombres y por qué?, y, ¿Cuál es el status social y académico
actual de los Estudios de Hombres en el mundo y en nuestro país?
Los primeros estudios de que se tiene noticia, que
relacionan algunos comportamientos humanos con el género, son los realizados en
el siglo XIX, específicamente en la década de los 60's, por John Stuart Mill y
su esposa Harnet Taylor, quienes abordaron la problemática de la relación entre
hombres y mujeres (Cazes, 1996). En estos estudios, que pasaron desapercibidos
por espacio de treinta años, Mill realiza la primera caracterización conocida
de los varones, su carácter, su personalidad y su conducta.
Hacia 1890, ante la expansión del rol social de la mujer,
promovida por el industrialismo creciente que la obliga a involucrarse en el
mundo laboral y a participar activamente en la vida política y social,
tradicionalmente relacionada con el género masculino, los varones sufren una
crisis de identidad, que lleva a que el interés iniciado por Mill sobre las
características de la personalidad y el comportamiento de los hombres se vea
estimulado.
De esta forma, en las primeras décadas del siglo XX,
algunas investigadoras e investigadores, escriben libros relacionados con la
delincuencia juvenil y el bajo rendimiento escolar de los varones por
considerarlos los principales problemas sociales claramente relacionados con
los hombres (los libros son, "the gang" de Thraster y "Street
corner society" de Whuye). En este
primer momento de los estudios en los que la variable importante es el sexo de
los participantes, se parte del supuesto de que existe una naturaleza innata
masculina que lleva a los varones a comportarse de determinadas maneras, así
que el objetivo de las investigaciones es tratar de corregir lo que la sociedad
ha desviado (Carrigan, Connell and Lee, 1992).
Más adelante, como producto del movimiento de liberación de
la mujer y el movimiento gay, la identidad masculina vuelve a verse
cuestionada; entonces el interés de las investigadoras y los investigadores se
vuelve sobre la manera en que se forma la personalidad masculina; algunos de
los libros de esta época, que se publican entre las décadas de los 60's - 70's,
encontramos el de Karl Bednarik, "El hombre en crisis", donde señala que
la enajenación en el trabajo, la política, la guerra y la comercialización de
la sexualidad, socavan la masculinidad. Otro libro importante es el de Patricia
Sexton, "The feminizaed male", en el cual explora algunas de las
caracteristicas de los hombres que les dan identidad, como son, la dirección
interior, ciertas formas de agresión, la autonomía, la solidaridad de grupo, la
aventura y la laboriosidad de la mente y el cuerpo.
Sin embargo, la siguiente década, es decir, la de los 80's,
se caracteriza por una especie de obscurantismo en cuanto a los estudios
científicos sobre el desarrollo de los hombres, pues la mayoría de las
investigadoras e investigadores se concentraron en alcanzar la comprensión del
desarrollo psicológico y la participación política y cultural de la mujer en la
sociedad contemporánea; aunque de manera indirecta, al tratar de encontrar
explicaciones sobre el comportamiento y la personalidad de la mujer, se
abordaron temas que relacionaban a los hombres.
Los
estudios de la masculinidad en el campo de los Estudios de Género
Los estudios sobre el desarrollo de los hombres se hicieron
posibles en el campo de los Estudios de Género, hasta que por un lado, en el
ámbito académico y científico, las feministas, quienes más promovían la investigación
en el ámbito del género, se percataron de que para comprender integralmente el
desarrollo y los significados de las acciones y la subjetividad de las mujeres
era necesario conocer la naturaleza socialmente constituida de los varones. Por
otro lado, los Estados Nacionales, comprendieron la pertinencia de incluir a
los hombres en la discusión sobre la fecundidad, el control natal y la salud
reproductiva en general, para la solución global de los problemas
poblacionales.
Lo antes mencionado comenzó a ocurrir a mediados de la
década de los 80’s, primero, en el ámbito de lo social, cuando en algunos
países como Canadá, Alemania, Estados Unidos y Suecia, surgieron grupos de
varones que comenzaron a cuestionar su identidad como tales. Más adelante, a principios de la década de
los 90’s, quienes realizaban investigaciones desde la perspectiva de Género, se
percataron del profundo vacío que existía en sus investigaciones, con relación
al desarrollo y cambios que habían sufrido los varones a partir del desarrollo
socio-histórico de las mujeres.
Asimismo, durante la Conferencia
Internacional sobre Población y Desarrollo, llevada a cabo en El Cairo Egipto
en 1994, se consideró fundamental promover la reflexión, el estudio, la
investigación y el análisis del comportamiento y los significados que a partir
de su vida cotidiana construyen los varones entorno a su compromiso social, su
sexualidad y a su potencialidad y responsabilidad reproductiva, pues se
consideró que para alcanzar los objetivos sobre desarrollo, población y salud
del año 2000, era importante integrar a los hombres y no solamente considerar a
las mujeres, como erróneamente se venía haciendo desde finales de la década de
los setentas. La participación del hombre en las cuestiones poblacionales, de
desarrollo y salud reproductiva, están contenidas en el capítulo IV del
Proyecto de programa de acción de dicha Conferencia, en el apartado denominado,
"Responsabilidad y participación del hombre".
En el marco de las líneas generales para el Desarrollo Humano
Integral y Poblacional, que se proponen en ese apartado, en nuestro país el
Comité Científico de Demografía y Antropología de la Unión Internacional para
el Estudio Científico de la Población (IUSSP), identificó como una de las
actividades prioritarias de su agenda de trabajo para la década de los 90’s, el
promover la reflexión y discusión en torno a la fecundidad y construcción de la
personalidad masculina.
Para ello, organizó el "Seminario Internacional sobre
Fecundidad y Ciclo de Vida Masculina en la Era del Descenso de la
Fecundidad", que se llevó a cabo en el año de 1995. Al siguiente año, el
Colegio de México, llevó a cabo "el Coloquio Latinoamericano sobre
Varones, Sexualidad y Reproducción", con la finalidad de abrir espacios de
reflexión y discusión entre especialistas sobre políticas poblacionales, que
permitan cumplir con los compromisos planteados en la Conferencia Internacional
sobre la Población y el Desarrollo en lo referente a:
·
Integración de políticas demográficas y de desarrollo.
·
Población, crecimiento económico sostenido y pobreza.
·
Derechos reproductivos y salud reproductiva.
·
Planificación familiar.
·
Sexualidad humana y relaciones entre los sexos y,
·
Distribución de la población, urbanización y migración
interna.
Sin embargo, no todos los esfuerzos en la línea de los
estudios de Género de los Hombres, se enmarcan en la preocupación de la Salud
Reproductiva, la Población y el Desarrollo; existen esfuerzos desde diferentes
enfoques y con una gran diversidad de intereses con relación a la generación de
conocimientos, que posibiliten la comprensión de la manera en que se construye
socialmente la masculinidad[1]
A continuación presento un bosquejo de las principales
investigaciones que ha nivel mundial han sido indexadas en las bases de datos
del "Psychological Abstract" y la "Social Sciences", en las
cuales se encuentra incluido el mayor número de investigaciones que incluyen
las categorías Género y Masculinidades (Gender and Masculinity). Los datos que se presentan abarcan desde 1967
y hasta 1999.
En el periodo que abarca de 1967 - 1980, es decir, en un
lapso de catorce años, se encuentran sólo setenta estudios que involucran los
conceptos antes señalados. Al analizar las síntesis se encuentra que se trata
de investigaciones en las cuales se estudian el rendimiento escolar, la
efectividad de algunas pruebas psicológicas, el alcoholismo y la drogadicción,
entre las variables más comúnmente relacionadas y donde la categoría
masculinidad es utilizada como una variable más para interpretar los
resultados, relacionada más con el sexo biológico de la persona que con la
categoría género. Esto quiere decir que
se tomaba en cuenta el sexo, para determinar la influencia de otra variable
sobre los varones; es por eso que no podemos considerar estos estudios como de
Género propiamente.
Directamente relacionados con la masculinidad sólo se
encontraron alrededor de un 20% de las investigaciones (14), en las que se
abordan temas como el machismo, la homosexualidad y otras preferencias u
orientaciones sexuales y otros comportamientos relacionados con los varones,
aunque siempre enfocados en tratar de comprender el comportamiento de éstos
dirigido hacia las mujeres.
Por otra parte, durante el periodo que abarca de 1981 a
1987, se encontraron 178 estudios que abarcan los conceptos de género y
masculinidad. En estos se puede notar
que, a diferencia de los del ciclo anterior, hay un número mayor de temas donde
se explora explícitamente la categoría masculinidad como factor cultural; en
casi todos los casos se trata de estudios exploratorios y comparativos, en los
que se relacionan los estudios sobre mujeres y su relación con el
comportamiento masculino. Así mismo, se establecen relaciones de la
masculinidad con temas como el manejo del poder, la masculinidad, la percepción
social y el rol de género.
Es importante señalar también, que durante este periodo
existen varios estudios en los cuales se tratan los temas sobre la dirección
que en futuro seguirán los estudios de masculinidad y sobre el desarrollo de la
heterosexualidad.
Para los periodos que van de 1988 a 1992, 1993 a 1995 y
1996 a 1998, se encontraron 237, 173 y
208 investigaciones y capítulos de libros dedicados al tema del género y la
masculinidad, respectivamente. En estos periodos se observan varias cosas
interesantes, en principio durante el periodo que abarca de 1998 a 1992 se
investigó más sobre la construcción de la masculinidad hegemónica, es decir, la
heterosexual, patriarcal, con hombres occidentales blancos, de clases media,
que viven en las grandes ciudades; se indagó también, sobre la influencia de
los estilos de interacción del padre y la madre, sobre el desarrollo infantil
de los varones y sobre la construcción de la identidad sexual masculina.
Durante el siguiente periodo, es decir, el que abarca de
1993 a 1995, se abordan temas relacionados con la violencia de los hombres
hacia las mujeres y los niños; su comportamiento y actitudes en el hogar, la
escuela y el trabajo principalmente. Mientras que en el último periodo, que
abarca de 1996 a 1998, se indagan aspectos relacionados fundamentalmente, con
el desarrollo de la subjetividad masculina.
Algunos de los temas que se abordan a lo largo de estos
periodos son, entre los más frecuentes:
·
Violencia, mujeres, familia y rol de género masculino.
·
Desarrollo y construcción de la identidad de género.
·
Apropiación del rol de género.
·
Sexo y género masculino.
·
Identidad masculina, rol de género y desempeño laboral.
·
Identidad masculina, rol de género y violencia.
·
Masculinidad y preferencia sexual (homosexualidad).
·
Estrés, depresión, problemas de adaptación social y género.
·
Paternidad, rol de género e identidad.
·
Trabajo doméstico y rol de género.
·
Trabajo doméstico e identidad genérica.
·
Machismo, violencia y supresión de sentimientos.
·
Drogas, alcoholismo e inseguridad masculina.
·
Cambio de actitudes y valores masculinos.
·
Desarrollo de la percepción, la autopercepción, el
autoconocimiento y la autoestima masculina.
TABLA DE ESTUDIOS QUE
INVOLUCRAN LA CATEGORÍA: MASCULINIDAD, REALIZADOS ENTRE 1967 Y 1998 (32 AÑOS)
|
PERIODO |
NO. DE AÑOS |
NO. DE INVESTIGACIONES |
PROMEDIO DE ESTUDIOS ANUALES |
|
1967 –
1981 |
15 |
71 |
5 |
|
1982 –
1987 |
6 |
178 |
30 |
|
1988 –
1992 |
5 |
237 |
47 |
|
1993 –
1995 |
3 |
173 |
58 |
|
1996 –
1988 |
3 |
208 |
69 |
|
TOTAL |
32 |
867 |
27 |
Olivares, R. (1999)
Como se puede observar en esta tabla, a lo largo de treinta
y dos años se han realizado 867 estudios tomando en cuenta la categoría
masculinidad, en tanto que para el mismo periodo, se han realizado 8,698
estudios sobre mujeres con una perspectiva de género. Por lo tanto, los estudios
sobre varones, representan tan sólo el 10% de los estudios que establecen una
distinción entre el desarrollo de los hombres y el de las mujeres.
Asimismo, se puede observar que han sido múltiples las
variables que se han relacionado para comprender el desarrollo de la
masculinidad y múltiples, también, los temas y las perspectivas desde las que
se ha pretendido analizar su desarrollo, sin embargo, sólo hace muy
recientemente se han llevado a cabo investigaciones que concentran sus
esfuerzos en la comprensión de su esfera afectiva, su vida interior o su
subjetividad, pero ninguna desde una perspectiva que se preocupe
fundamentalmente por mejorar su calidad de vida y no sólo, para promover el
control natal y la vida reproductiva en general; incluso, en el marco de la
Psicología Existencial Humanística, existen muy pocos intentos teóricos y menos
aún epistemológicos, metodológicos y de investigación, por estudiar y
comprender cómo se constituyen las diversas formas de ser varón[2].
RECONSTRUYENDO MI MASCULINIDAD
Como
mencionaba al principio de este escrito, el motivo que me impulsó a llevar a
cabo una investigación respecto del desarrollo de la masculinidad (de la cual
presente sólo una introducción arriba), fue el impacto que causó en mi, darme
cuenta, al menos intuitivamente en un principio, como me había constituido
varón. Después de todo este tiempo, de todas las entrevistas que he llevado a
cabo con varones de diferentes edades, contextos sociales e historias
personales, considero que estoy en posibilidades de deconstruir y reconstruir
mi propia historia, así que aprovecharé este espacio para compartir con el
lector mi experiencia, en la confianza de que lo más particular, en muchas
ocasiones, resulta ser lo más general:
De lo
primero que me percaté en este proceso, fue de como la amplia y extensa
convivencia con mujeres en mi primera infancia y juventud, enmascaró la
influencia que infringió sobre mí la figura masculina, una figura por cierto,
que se me mostró a través de un profundo antagonismo.
Efectivamente,
desde muy temprana edad me invadieron dos formas de ser varón, dos
posibilidades de relación con el mundo desde lo masculino: por una parte y de
forma casi permanente tenía la presencia de mi padre, la cual se imponía en mi
conciencia como una figura de altísima autoridad, de gélida frialdad y de
imperturbable distancia y, por otro lado, aunque esporádicamente, se imponía
ante mi, la masculinidad de mis tíos maternos, quienes se vinculaban conmigo,
con intensas y entusiastas muestras de calidez, ternura y cercanía.
Ante
esta dualidad del ser masculino, nació la confusión al no saber que se esperaba
de mí; por un lado, experimentaba la necesidad de expresar mis sentimientos y
mi ternura, pues había sido invitado a hacerlo sin tapujos; pero por otra
parte, experimentaba un profundo temor de que al hacerlo estuviera
transgrediendo la forma masculina que mi padre me había transmitido a fuerza de
imponerse y que obviamente se erguía en mi vida como la figura poseedora de la
hegemonía en mi insipiente conciencia.
De esta
avasalladora manera, comenzó mi búsqueda por alcanzar mi identidad como miembro
del gheto masculino, una búsqueda que me condujo por los caminos de la
observación, la reflexión y de la perpetua exploración interior; muchas,
demasiadas, creo yo, contradicciones acompañaron en su inicio este proceso;
sólo más adelante, dichas incongruencias fueron canceladas provisionalmente por
un efecto de polarización de mi ser.
Me
refiero a que comencé a explorar estas dos formas de ser varón, en dos momentos
diferentes de mi guión personal, ensayé ser distante e incluso hasta
indiferente con los Otros, pero algo más profundo en mí, me arrastró
vertiginosamente hacia el interés por contribuir en que otros alcanzaran el
confort en su vida. Definitivamente no pude ser el tipo de varón que el
patriarcado tenía planeado para mí; fracasé rotundamente en mi intentona,
aunque lo compensé con una demostración de intelectualidad.
Derrotado,
vencido ante mi propia expectativa, no tuve más opción, que seguir el camino
que mí ser y mi circunstancia me señalaban: el camino de la búsqueda y la
aceptación personal. En este esfuerzo
invertí la mitad de las acciones de mi espíritu, pues la otra mitad estaba
depositada en mí desarrollo intelectual.
Así, sin plena conciencia, fui integrando a mi forma de ser, de sentir,
de hacer y de pensar, estas dos formas de ser varón que en su génesis se
mostraron antagónicas ante mí.
En el
proceso me vi precisado a abandonar, olvidar o reprimir, algunas
características y cualidades esenciales de estas dos líneas de vida, con lo
cual, se nutrió mi ser, para constituir mí identidad masculina: cercanía y
distancia, sensibilidad y firmeza, rigidez y flexibilidad, comenzaron a ser los
sonidos con los cuales los otros
comenzaron a definirme y con los cuales yo mismo comencé a identificarme.
En ese
momento, ocurrieron dos instantes de lucidez (que por cierto en su momento no
supe identificar con precisión), por un lado, comencé a ser conciente de mi
mismo, por otro lado, el sentimiento que interiormente me había acompañado
hasta el momento y que se caracterizaba por la tristeza, la angustia, la
inseguridad, la melancolía y el autorrechazo, sufrieron una profunda
metamorfosis y se transformó en una sensación de plenitud, alegría, autoaceptación
y autorrealización.
Sin
embargo, el punto crucial de mi transformación fue el descubrimiento de que la
arquetípica figura del cristo bíblico me había acompañado desde mi más temprana
infancia, suavizando con su discreta presencia el proceso de construcción de mí
ser varón.
Así es,
en un momento determinado de mi búsqueda interior, me percaté de que desde muy
pequeño había recibido la influencia de Jesucristo, a través del testimonio que
sobre él proveen los evangelios de los
apóstoles; él no se había convertido en un hermano mayor, como lo enseña la
autoridad eclesiástica al lego, sino en la figura que llenó el espacio del
padre ideal que yo buscaba. La figura de
Jesucristo se me configuraba como el justo medio entre la sensibilidad y la
firmeza, elementos que en mi experiencia de vida cotidiana con los dos estilos
de ser masculino que se abrieron paso en mi conciencia, eran aún
irreconciliables.
Ahora
recuerdo la avidez con la que leía las parábolas de Jesucristo plasmadas en la
Biblia y todo el tiempo que pasé reflexionando y tratando de poner en acciones
concretas lo que allí se me decía; por supuesto que en ese momento no me
percataba que me estaba conformando como varón a través de todo ese ejercicio
de identidad, sin embargo, en la actualidad tengo plena conciencia de la
profunda influencia que sobre mis actos cotidianos, mi forma de experimentar mi
existencia y la de los demás, continúa ejerciendo la figura de cristo.
Finalmente
me gustaría expresar que la exploración del territorio que conforma mi
identidad como parte del género masculino, me ha permitido experimentarme, como
un ser humano más completo y pleno; cada día tengo menos miedo, no sólo a
vivenciar, sino a expresar mis sentimientos; también me concilio cada día más
con la parte de mi naturaleza que busca expresar su fuerza, su razón y su
lógica. Elijo más concientemente lo que deseo ser y lo comparto con los demás
enriqueciendo mi existencia y procurando hacerlo con la de los demás. Se puede
decir que vivo en la hermosa dualidad, integrada en mi, de dos mundos que
constituyen complementariamente mi humanidad: la suavidad de la feminidad y la
fortaleza de la masculinidad.
BIBLIOGRAFÍA
1.
Belluci,
M “De
los estudios de la mujer a los estudios de Género: han recorrido un largo camino”.
En: Fernández, A. (199 Lamas, M. “La
antropología feminista y la categoría de género”. Nueva Antropología. Vol. VIII, No. 30, México, 1996.
2.
Lamas, M. “La antropología feminista y la categoría de
género”. Nueva Antropología.
Vol. VIII, No. 30, México, 1996.
3. Lamas,
M. “Usos, dificultades y posibilidades de la categoría género”. En: Lamas, M. (comp.) (1996) El Género: la construcción social de
la diferencia sexual. UNAM: México.
4.
Conway, J., Bourque, S., y Scott, J. (987) “El concepto de Género”. En: Lamas, M.
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10. Lerner, S. (edit.) (1998).
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12. Carrigan, T. Connell, C. and Leon, J. (1992) Toward a New Sociology of Masculinity. University Press: New York.
[1] más correctamente las masculinidades, pues como producto de estos
mismos estudios se ha llegado a la conclusión de que así como existen muchas
formas de hacerse y ser mujer, también existe una gama de formas y estilos de
hacerse y ser hombre, como lo señala Kaufman, M. (1995) “Los hombres, el feminismo y las experiencias contradictorias del poder
entre los hombres”. En: Arango, L. (comp.) (1995). Género e Identidad. IMEDITORES,
Colombia.
[2] Los textos con esta orientación son: el libro “To Be a Man” editado por Keith
Thompson en 1991 y traducido al español en 1992 por la editorial Kairós con el
título Ser Hombre; el libro de Frank
Cardelle publicado en E.U. en 1991 con el título de “Journey To Brotherhood”, y traducido al español en 1992 con el
título de “El Desafío de Ser Hombres
Hoy”; y, finalmente, una tesis de la maestría en Desarrollo Humano
elaborada por Francisco Javier de Santos Velasco en 1998, con el título: “Identidad Masculina y Desarrollo Humano
Ser Hombre es más que ser masculino”.

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